02/07/2026
El formato que nos devolvió el tiempo para escuchar
Por: Fernanda González, executive associate de Kreab Colombia
En una época en la que todo compite por nuestra atención en cuestión de segundos, resulta sorprendente que millones de personas decidan dedicar una hora o más a una conversación.
Hace algunos años, muchas personas soñaban con salir en televisión. Hoy, para muchos, ese sueño cambió de formato: quieren tener un podcast. Basta abrir Spotify o YouTube para encontrar cientos de nuevas conversaciones sobre política, emprendimiento, salud mental, deporte, cultura, finanzas, bienestar o historias de vida. Algunos duran veinte minutos; otros, más de dos horas. Unos nacen con el propósito de abrir conversaciones necesarias; otros, simplemente porque alguien sintió que también debía tener uno. Y, en esa enorme pluralidad, el formato sigue creciendo.
En 2024, Spotify reveló que Colombia se había convertido en el tercer país de América Latina que más sumó episodios en formato videopodcast y el cuarto con mayor crecimiento en horas de consumo de este tipo de contenido en la región. Para ese momento, la producción de podcasts en el país ya había aumentado más del 300 % frente a 2020, una muestra de que el fenómeno no solo estaba ocurriendo en otros mercados, sino que también estaba transformando la forma en que los colombianos consumimos contenido. Pero, reducir el auge del podcast a una cifra sería quedarse en la superficie.
Lo realmente interesante es que el podcast logró algo que parecía difícil en una época dominada por el contenido efímero: convencer a millones de personas de dedicar una hora e, incluso más, a escuchar una conversación. Mientras las plataformas compiten por captar nuestra atención en segundos, el podcast demuestra que todavía existe espacio para la profundidad, siempre que la conversación lo merezca.
Quizá por eso existe un podcast para prácticamente cualquier interés. Quien busca historias de crecimiento personal probablemente terminará viendo un episodio de Vos Podés, de Tatiana Franko. Para aquellos que quieren entender la actualidad política encontrarán espacios como Huevos revueltos con Política de La Silla Vacía. Los grandes medios también entendieron que no se trataba de replicar una entrevista tradicional, sino de adaptar sus narrativas a una audiencia que ya no necesariamente espera el noticiero de la noche para informarse. Así, el podcast dejó de ser un formato complementario para convertirse en una forma distinta de construir conversación. Y esa es la verdadera razón de su éxito.
No porque todos quieran hablar, sino porque cada vez más personas buscan escuchar aquello que realmente les interesa. Los algoritmos cambiaron la manera en que descubrimos contenido, pero fueron los podcasts los que entendieron que las audiencias ya no se construyen intentando llegarle a todo el mundo, sino conectando profundamente con quienes comparten un interés, una inquietud o una pasión.
En ese camino también apareció un fenómeno curioso: el FOMO (fear of missing out) del podcast. Hoy pareciera que toda marca, empresa, medio de comunicación, creador de contenido o líder de opinión siente que debería tener uno. Y, aunque abrir un micrófono nunca había sido tan sencillo, eso no significa que todos deban hacerlo.
Porque el valor nunca ha estado en el formato: un podcast nace porque existe una historia que merece ser contada, una conversación que aporta una mirada distinta o una voz que encontró, por fin, un espacio para ser escuchada. Durante años, muchas historias no encontraron cabida en los medios tradicionales. Hoy, el podcast se ha convertido en un canal donde esas voces pueden construir comunidad sin depender de grandes audiencias o de una programación establecida.
Por eso el formato ha evolucionado con tanta naturalidad. Nació como audio, incorporó el video, transformó estudios de grabación en escenarios de conversación y convirtió entrevistas de dos horas en algunos de los contenidos más consumidos en plataformas digitales. El formato cambió porque las audiencias cambiaron, pero su esencia sigue siendo la misma: generar cercanía.
Desde la comunicación, esta evolución deja una enseñanza importante. Las personas no están cansadas del contenido; están cansadas del contenido que no les dice nada. El éxito del podcast no demuestra que queramos consumir más información. Demuestra que todavía estamos dispuestos a dedicar tiempo cuando una conversación realmente nos aporta valor, nos enseña algo nuevo, nos inspira o, simplemente, nos hace sentir que alguien está hablando de aquello que nos importa.
Las plataformas seguirán cambiando. Hoy hablamos de videopodcasts; mañana aparecerá otro formato. Pero mientras existan historias capaces de generar conversaciones genuinas, siempre habrá una audiencia dispuesta a detenerse, ponerse los audífonos, darle play al video, y escuchar. Porque, al final, el verdadero protagonista nunca fue el micrófono. Siempre ha sido la conversación.